domingo, 10 de mayo de 2026

Médicos Sin Fronteras: La restricción deliberada de alimentos y ayuda humanitaria ha provocado niveles alarmantes de desnutrición en Gaza.

 

La crisis de desnutrición artificialmente provocada por Israel en Gaza tuvo consecuencias devastadoras para las mujeres embarazadas y sus recién nacidos.

Personal del hospital Al-Helou, en la ciudad de Gaza, territorio palestino ocupado, examina a un recién nacido con bajo peso que yace en una incubadora. Copyright: MSF/ Nour Alsaqqa

Jerusalén / Barcelona, ​​7 de mayo de 2026 — La crisis de desnutrición artificialmente provocada por Israel en Gaza tuvo un impacto devastador en mujeres embarazadas y lactantes, recién nacidos y bebés menores de 6 meses durante períodos de intensas hostilidades y asedio, como mediados de 2025, según un análisis de datos médicos publicado hoy por Médicos Sin Fronteras (MSF).

En cuatro centros de salud gestionados y apoyados por MSF entre finales de 2024 y principios de 2026, los equipos de MSF registraron mayores niveles de prematuridad y mortalidad entre los bebés nacidos de madres afectadas por la desnutrición durante el embarazo, altos niveles de abortos espontáneos y observaron fuertes aumentos en el abandono del tratamiento entre los niños desnutridos.

Médicos Sin Fronteras (MSF) vincula estos resultados al bloqueo israelí de bienes esenciales y a los ataques contra infraestructuras civiles, incluidas las instalaciones médicas. La inseguridad, el desplazamiento, las restricciones a la ayuda y el acceso limitado a alimentos y atención médica han tenido consecuencias devastadoras para la salud materna y neonatal. MSF advierte que la situación sigue siendo extremadamente frágil a pesar del llamado alto el fuego e insta a las autoridades israelíes a permitir de inmediato la entrada sin trabas de ayuda y suministros vitales.

Impactos devastadores de la desnutrición durante el embarazo

«La crisis de desnutrición es totalmente artificial», afirma Mercè Rocaspana, responsable médica de emergencias de MSF. «Antes de la guerra, la desnutrición en Gaza era prácticamente inexistente. Durante dos años y medio, el bloqueo sistemático a la ayuda humanitaria y a los bienes comerciales, sumado a la inseguridad, ha restringido gravemente el acceso a alimentos y agua potable. Los centros sanitarios han quedado fuera de servicio y las condiciones de vida se han deteriorado profundamente. Como consecuencia, los grupos vulnerables de la población corren un mayor riesgo de desnutrición».

Médicos Sin Fronteras analizó los datos recopilados de 201 madres de recién nacidos que recibieron tratamiento en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN) de los hospitales Al Nasser y Al Helou, en Khan Younis y la ciudad de Gaza, entre junio de 2025 y enero de 2026. Más de la mitad de las mujeres se vieron afectadas por la desnutrición* en algún momento durante su embarazo, y el 25 por ciento seguía desnutrida en el momento del parto.

Vista del hospital Al-Helou en la ciudad de Gaza, territorio palestino ocupado. Copyright: MSF/ Nour Alsaqqa

El noventa por ciento de los bebés nacidos de madres afectadas por la desnutrición nacieron prematuramente y el 84 por ciento tuvieron bajo peso al nacer, una incidencia mucho mayor que en los bebés nacidos de madres sin desnutrición al momento del parto. La mortalidad neonatal fue el doble entre los bebés nacidos de madres afectadas por la desnutrición en comparación con los nacidos de madres sin desnutrición.

Pulsera utilizada para medir la circunferencia media superior del abdomen en mujeres con el fin de detectar si la paciente padece desnutrición. Copyright: MSF/ Nour Alsaqqa

El desplazamiento y la inseguridad impiden el tratamiento.

Personal de MSF realiza controles en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Al-Helou en la ciudad de Gaza, Territorio Palestino Ocupado. Copyright: MSF/ Nour Alsaqqa

Entre octubre de 2024 y diciembre de 2025, los equipos de MSF admitieron a 513 lactantes menores de seis meses en programas ambulatorios de alimentación terapéutica en los centros de atención primaria de salud de Al Mawasi y Al Attar en Khan Younis. De los admitidos, el 91 % presentaba riesgo de retraso en el crecimiento y el desarrollo. Para diciembre, 200 lactantes ya no participaban en el programa: solo el 48 % se había curado, el 7 % falleció, el 7 % fue derivado a un programa para niños mayores y un alarmante 32 % abandonó el tratamiento, principalmente debido a la inseguridad y el desplazamiento.

“La disminución de los ingresos hospitalarios a finales de julio y principios de agosto de 2025 coincidió con un período de mayor inseguridad e interrupciones en la distribución de alimentos”, afirma Marina Pomares, coordinadora médica para Palestina. “La mayoría de las madres solicitaron apoyo nutricional incluso cuando sus hijos aún no presentaban desnutrición, lo que refleja la inseguridad alimentaria generalizada derivada del bloqueo impuesto por Israel, que impidió de hecho la entrada de alimentos a Gaza durante meses. Las familias adoptaron mecanismos de adaptación, priorizando a menudo a los hombres y los niños sobre las madres a la hora de distribuir los escasos alimentos”.

Una crisis de desnutrición fabricada

Antes de la guerra, no existían unidades especializadas en alimentación terapéutica. Los equipos de MSF identificaron los primeros casos de desnutrición infantil en enero de 2024. Entre esa fecha y marzo de 2026, MSF atendió a 4950 niños menores de 15 años —el 98 % menores de 5— por desnutrición aguda en programas ambulatorios y de hospitalización. Durante el mismo período, 3482 mujeres embarazadas y lactantes se inscribieron en programas ambulatorios.

“Mi hijo menor murió a los cinco meses debido a una desnutrición severa”, dice Mona, una mujer de 23 años atendida por MSF. “Yo misma sufrí desnutrición durante el embarazo y padecí diarrea y debilidad. Vivo en una casa parcialmente destruida. Mi esposo era pescador y tenía una pequeña barca, que fue destruida por los bombardeos israelíes. No tenemos ingresos fijos”.

El alto el fuego de enero de 2025 terminó a mediados de marzo de 2025. A finales de mayo de 2025, los puntos de distribución de alimentos de la Fundación Humanitaria de Gaza (FHG) se redujeron de unos 400 a tan solo cuatro. Además, el bloqueo a los camiones de reparto de alimentos limitó drásticamente el acceso a los mismos. «Los puntos de distribución estaban militarizados y eran peligrosos, apenas funcionaban o estaban abiertos al mismo tiempo, lo que restringía aún más el acceso a la ayuda alimentaria tan necesaria», afirma José Mas, jefe de la unidad de emergencias de MSF.

En los meses siguientes, los centros apoyados por MSF experimentaron un fuerte aumento en el número de pacientes que solicitaban atención debido a la violencia perpetrada en los puntos de distribución de alimentos y la desnutrición relacionada con la falta de alimentos. Muchas mujeres también informaron haber experimentado estrés y ansiedad extremos relacionados con los importantes riesgos que corrían los familiares varones al intentar conseguir alimentos en los centros de GHF, así como con los intensos bombardeos aéreos y el consiguiente desplazamiento. Los equipos de MSF observaron un elevado número de abortos espontáneos durante este período, identificándose el estrés como un factor contribuyente.

La jefa de enfermería de MSF en el hospital Al-Helou, en la ciudad de Gaza, territorio palestino ocupado, examina a un recién nacido con bajo peso que yace en una incubadora. Copyright: MSF/ Nour Alsaqqa

Se han declarado niveles de malnutrición sin precedentes.

Entre el 16 de octubre y el 30 de noviembre de 2025, se estimaba que alrededor de tres cuartas partes de la población de Gaza se enfrentaban a altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (IPC, por sus siglas en inglés), que había declarado una hambruna en agosto —la primera en la historia de la región de Oriente Medio—.

«Las restricciones tácticas impuestas por Israel a la entrada de alimentos, la militarización de los corredores de ayuda y los centros de distribución, así como los ataques selectivos contra la infraestructura esencial de Gaza, han creado un entorno en el que el hambre se utiliza deliberadamente como medio de control sobre la población», afirma José Mas, jefe de emergencias de MSF. «Si bien el actual alto el fuego ha aportado cierta estabilidad a la situación, esta sigue siendo extremadamente frágil. Nuestros equipos continúan ingresando a nuevos pacientes por desnutrición, ya que la población de Gaza se ve obligada a soportar condiciones de vida deliberadamente indignas y carece de acceso a asistencia, ingresos y recursos básicos. MSF insta a las autoridades israelíes, como potencia ocupante, —y a los Estados aliados, incluidos los EE. UU.— a facilitar la entrada adecuada y constante de asistencia vital para la población de Gaza, con el fin de restablecer niveles dignos de salud, nutrición y dignidad».

*Nota para los editores:

La desnutrición en mujeres embarazadas y lactantes, así como en bebés menores de 6 meses, se clasifica generalmente como malnutrición, en lugar de malnutrición aguda moderada o grave. Los pacientes presentan un estado nutricional deficiente o están en riesgo nutricional.

viernes, 3 de abril de 2026

Salud mental, crisis y aviso de planes

Por Gregorio Moya E.

Hay una crisis de salud mental. Ese es un acuerdo generalizado en la sociedad: Ministerio de Salud, Servicio Nacional de Salud, Colegio Médico, Sociedad de Psiquiatría, Colegio de Psicología, los analistas de los medios de comunicación y los influencers de las redes sociales. Todos están en sintonía con que hay una crisis de salud mental.

Muchos la atribuyen a la crisis social, a la pérdida de valores morales (habría que preguntarse cuáles). Se dice que la pandemia ha exacerbado la crisis, así argumentan mil y una causas, incluyendo la alimentación, las vacunas, las hormonas y medicamentos que la industria farmacéutica nos administra a través del cuerpo médico, el cual funciona como el principal agente que asegura la circulación de la mercancía llamada medicina. Con sus diagnósticos irrefutables, asegura clientes; con su seguridad social —principalmente la mercantilizada— le asegura financieramente el negocio.

Ante ese criterio común de que la humanidad vive en una situación de crisis, les decimos con Antonin Artaud: 

A ustedes  "Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu. Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de De antemano No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo mental en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Acosan son algo más que una ensalada de palabras?”.

La medida que hacen del espíritu, de la conducta, del pensamiento, de los comportamientos —como en los diccionarios— está limitada a su propio lenguaje, a su limitado número de palabras, a su delimitado significado, que no puede ponderar ni medir de verdad el significado concreto, contextual y específico de un momento, de un acto, de una realidad, de una totalidad existencial que determina y es determinante.

Por su limitada medición de los seres, porque la hacen a su propia talla, a sus medidas definidas y propias, a sus convenciones ya sus alcances. Por ello, volviendo a Artaud: "No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos predestinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres —incapacitados o no— de dar por terminadas sus investigaciones en el campo de la mente con un veredicto de prisión perpetua".

Hoy muchos, basados ​​en esa medición mostrenca y limitada de la salud mental, quieren restablecer el manicomio y la psiquiatrización como solución a lo que ellos llaman crisis de salud mental, que no definen de manera homogénea o con cierto consenso científico-técnico, pero sí tienen como solución homogénea el manicomio o algo que se le parece porque lo diferente o anormal muchas veces es una reacción de descontento, desafección y desacuerdo con esta realidad.

Patologizar comportamientos y formas distintas de ser, psiquiatrizar conductas que no son las esperadas por las buenas costumbres, medicalizar la mente y las percepciones para ajustarlas a la normalidad. Todo ello es volver o persistir en reprimir la diferencia, lo divergente, lo que se sale de la norma de la costumbre o de la estadística. Y es que este enfoque medicalizado desconoce que debajo de la enfermedad psíquica, subyace un conflicto social, donde el "loco" es quien no encaja en la estructura productiva y es excluido, como enseñó Franco Basaglia.  

Contra eso nos rebelamos. Medicalizar, psiquiatrizar, manejar clínicamente causa dolor o lo quita  desensibilizando, aturdiendo, drogando; porque tranquiliza con camisas de fuerza o barrotes, o con somníferos, o con cualquier instrumento, método o sustancia deshumanizante. Hasta con golpes.

La crisis es de la sociedad, de la cultura, de las costumbres, de las leyes, de la familia, de la forma en que se organiza la sociedad, con unos poderes que deciden cómo se debe ser. Y si uno decide no ser así, entonces la sociedad en sus distintos medios y formas de mercadeo te ofrece licor, cigarrillos de marihuana, de tabaco, electrónicos; te ofrece alcohol, drogas ilegalizadas para que sean mercancías más costosas. La sociedad te propone el éxito; si no lo alcanzas, eres el culpable, el perdedor de la cultura yanqui y su modo de vida, del “vamos arriba y no te apures” que por mucho tiempo nos bombardeaba una casa comercial.

Hay que tratar la causa, sin dejar de atender las emergencias, pero las emergencias no pueden taparnos la vista de las causas, porque de ser así nos pasaremos atendiendo las emergencias de violencias inexplicables, suicidios crecientes, feminicidios/homicidios sin cuenta, aturdimiento de la juventud y de sus potencialidades, y el sufrimiento de los que ya no tienen juventud.

Los avisos de planes que no van a las causas, a la causa de las causas, podrán restañar algunas heridas del alma, de las emociones, de existencia, del estar y del ser. Pero la sierra seguirá cortando la vida y su goce potencial. Poner un psiquiatra aquí, allá y acullá, atenderá la punta del iceberg. Pero los males en su profundidad y bases seguirán igual.

Es necesario impulsar planes desde las comunidades, de las organizaciones, desde la ciudadanía organizada, planes que aborden los problemas que afectan los grupos humanos, las familias, las comunidades y la sociedad. Volver a la salud mental comunitaria, el abordaje social de la salud, no como inmovilizar la mente por las fracturas que produce la realidad, el estresor de la sociedad, sino lo contrario, romper las amarras que impiden el aprovechamiento del potencial psico-social de la existencia, los problemas, como retos para crecer, ser mejores, de forma colectiva, de la misma forma en que el primer signo de civilización en una cultura antigua fue un fémur fracturado y sanado, fruto de la solidaridad y la compasión de la comunidad que no lo abandonó por débil y dañado, ni por estar herido de locura, ceguera y confusión.

Un plan de salud mental tiene que producirse como una estrategia de reconciliación con el hermano, con el desvalido, con los que tienen hambre y sed de justicia, con los nobles de corazón, lo cual solo es posible en la común-unidad.

 


sábado, 7 de febrero de 2026

Visita sorpresa: improvisación e irrespeto

Las visitas sorpresas se convirtieron en la presidencia de Danilo Medina en un mecanismo de asignación de recursos y desarrollo de proyectos, los cuales en su gran mayoría perecieron por no tener continuidad en el tiempo, toda vez que no fueron resultado de una planificación, sino acciones descolocadas, improvisadas, de relumbrón, mucho de eso que el pueblo llama BAM: bulto, allante y movimiento.

Ese enfoque ha sido retomado por el actual Director del Servicio Nacional de Salud Julio Landrón, quien en la visita sorpresa al Hospital Salvador B. Gautier destituyó en público, “in voce”, al director de ese establecimiento de salud. Una acción impropia e irrespetuosa, fruto de un exabrupto.

Si bien el Hospital Gautier no sale de un escándalo desde hace años, que lo sume cada día más en el abismo del desprestigio como centro asistencial, el desorden, y hasta en la suciedad y el abandono. También es cierto que para ello se necesitan proceso estándares y procedimientos institucionales que fortalezcan el mismo. Y con vistas sorpresas y destituciones en público no se institucionaliza soluciones duraderas.

Es necesario que se otorguen los recursos necesarios para el funcionamiento del icónico hospital del seguro, como lo llamaban la mayoría de los capitaleños al hospital que se caracterizaba por su capacidad de resolución, escuela de especialistas e imagen positiva del sistema de atención en salud.

Sin los recursos necesarios, es imposible que pueda haber algún área del hospital Gautier que pueda cumplir los protocolos de atención de los pacientes. La gente del pueblo dice con claridad que, para hacer las cosas hay tener con qué, es decir, se debe contar con los recursos.

Las visitas sorpresas nunca fueron y no son un mecanismo de gestión pública, mucho menos en un sector tan complejo como es el del sistema de atención en salud.

Exigir que sin los recursos necesarios funcione los hospitales, quizás una de las empresas más complejas que ha creado la humanidad, es pedir lo imposible, y como reza una expresión del mundo legal, nadie está obligado a lo imposible.